|
Dulce
Jesús mío y mi crucificado Señor
indigno de ponerme delante de tus ojos
me postro avergonzado a tus pies
confesando la multitud de mis culpas
con íntimo dolor de mi alma
por haber sido ofensa contra tí.
Herido vengo, médico divino
a buscar mi remedio en tu benigna misericordia
proponiendo con todo mi corazón la enmienda.
Dulce amor mío eres sobre todas las cosas
ten piedad de mí y acuérdate Señor
que mi amor te puso en esa cruz
y no te acuerdes que yo
como ingrato y desconocido
me olvidé de tu paternal amor
porque si a tí, que eres mi Padre, no vuelvo los ojos
¿quién otro se compadecerá de mí?
¡Mi Jesús cómo te ofendí!
¡Quién de dolor muriera a tus pies
pues amándome tanto
me atreví a ofender a un Dios tan bueno
tan santo y tan amable!
Pequé, Padre mío, contra el cielo y contra tí
ten misericordia de mí.
Amén.
|