|
Jesús mío, quiero llamarte
siempre por tu nombre
esto me consuela y me da valor
cuando me acuerdo de que
eres
mi salvador
y que has muerto para salvarme.
Mírame a tus pies
confieso que soy digno de tantos infiernos
como veces
te he
ofendido por el pecado mortal.
No merezco perdón; pero tú moriste para perdonarme.
Piadoso Jesús, no olvides que por
mí fue tu venida.
Anticípate, Jesús mío, a perdonarme
antes que vengas a juzgarme.
Entonces yo no podré pedirte
piedad
pero ahora puedo y espero que me la concedas.
Entonces tus llagas me llenarán de espanto, ahora me inspiran
confianza.
¡Redentor de mi alma!
yo me arrepiento sobre
todo de haber ofendido a tu infinita bondad
y prefiero sufrir
todas las pérdidas posibles
antes que burlarme de tu
gracia.
Te amo con todo mi corazón, ten piedad de mí.
Ten piedad de mí, Dios, según tu gran misericordia.
María, Madre de misericordia, abogada de los pecadores
alcánzame
un intenso dolor de mis pecados
el perdón y la perseverancia
en el divino amor.
Yo te amo, reina de mi corazón y en tí
pongo toda mi confianza.
Dulcísimo Señor
del Milagro
perdona mis pecados
y libra por tu misericordia
al pueblo de Salta de todo castigo.
C oncédenos esta gracia
por
intercesión de nuestra protectora
tu dulcísima
Madre
la inmaculada Virgen del Milagro.
Amén.
|