Gracias
te doy, dulcísimo redentor mío
por estas luces que
me acabas de dar
y por haberme dado a conocer los medios
para salvarme.
Yo te prometo ponerlos en práctica con la mayor
firmeza.
Concédeme la gracia que necesito para serte fiel
ya veo
que es tu voluntad el que yo me salve
y yo quiero salvarme
en especial para
dar el gusto a tu corazón divino
que con tanto
ardor desea mi salvación.
No quiero resistir, Dios mío,
por más tiempo al amor que me tienes.
Este amor ha sido causa para que
tú
me hayas
sufrido con tanta paciencia, cuando yo te ofendía.
Tú me
llamas a tu amor, y yo no deseo sino amarte.
Te amo,
bondad infinita; te amo, bien supremo e infinito
y te suplico
hoy día, por los méritos de Jesucristo
no permitas
que yo sea jamás ingrato a tu bondad.
Haz, que cese
de ser ingrato, o pon fin a mi vida.
Señor, ya que has
empezado la obra, dígnate ahora completarla.
Confirma, oh Dios, lo
que has hecho en nosotros.
Dame la luz, la fuerza, dame el amor.
¡María, tú que eres la dispensadora de las gracias,
socórreme!
Admíteme por tu servidor,
porque quiero serlo
y
ruega a Jesús por mí.
Los méritos de Jesucristo
y después tus ruegos, son los que han de salvarme.
Dulcísimo Señor
del Milagro
perdona mis pecados
y libra por tu misericordia
al pueblo de Salta de todo castigo.
Concédenos esta gracia
por
intercesión de nuestra protectora
tu dulcísima
Madre
la inmaculada Virgen del Milagro.
Amén.