|
¡Mi Jesús! ¿Cómo has podido sufrirme
tanto tiempo?
¡Tantas veces como he huido de tí
y a pesar
de esto tú has venido siempre a mi encuentro!
¡Tantas
veces como te he ofendido, y tú me has perdonado!
¡Te
ofendí de nuevo, y de nuevo me has concedido el perdón!
¡Hazme sentir un poco de aquel dolor
que padeciste en
el Huerto de Getsemaní
cuando, al pensar en nuestros pecados,
llegaste a sudar sangre.
Yo me arrepiento, redentor mío
de haber tan mal correspondido, a tu amor.
¡Placeres
malditos, yo los detesto y abomino!
Ustedes me hicieron perder la
gracia del Señor.
¡Amado Jesús!, yo te amo
sobre todas las cosas
y renuncio a todas las satisfacciones ilícitas
prefiriendo morir mil veces antes que ofenderte jamás.
Por el afecto que me mostraste en la cruz
y que te obligó
a ofrecer por mí esa vida divina
dame la luz y la fuerza
para resistir las tentaciones
y recurrir en ellas a tu ayuda.
¡María, mi esperanza
ya que todo lo puedes
con Dios
alcánzame la santa perseverancia
y haz que no me separe
jamás de tu amor!
Dulcísimo Señor
del Milagro
perdona mis pecados
y libra por tu misericordia
al pueblo de Salta de todo castigo.
C oncédenos esta gracia
por
intercesión de nuestra protectora
tu dulcísima
Madre
la inmaculada Virgen del Milagro.
Amén.
|