|
Amantísimo
Jesús mío
hermosura eterna de la gloria
mi Dios crucificado y todo mi bien
justo juez y piadoso Padre
que
no contento tu amor
con haber bajado del cielo a la tierra a buscar al pecador
haber derramado tu sangre en el ara de la cruz
y haber instituido el sacramento eucarístico
de tu cuerpo y sangre en la santa misa
quisiste venir en tu milagrosa imagen
a esta Ciudad de Salta
a buscar como pastor divino a la oveja perdida.
Y cuando más olvidada andaba de tu singular amor
hiciste estremecer la tierra con espantosos terremotos
y revelaste a tu siervo
que
no cesarían hasta que te sacasen por las calles.
Te suplico, mi Dios crucificado
que por tu mansedumbre
sosiegues la inquietud de mi espíritu
para que pueda yo corresponder agradecido
buscándote sólo a tí
porque eres el descanso de mi alma y mi único bien.
Y si por haberte ofendido
temblase mi alma de llegarse a tí
dale voces desde la cruz
con que interiormente le digas:
"Mira, hijo mío, cuánto sufro por tu amor
y tú ¿qué es lo que haces por mí, sino
sólo ofenderme?
Pero ven a mis brazos
que yo clamaré a mi eterno Padre diciendo:
"Padre, perdona a este hijo ingrato
que no ha sabido lo que
ha hecho
al haber despreciado a su Dios y redentor".
Y si todavía tu amor
retira de mí los ojos de su piedad
por mi ignorancia e ingratitud
ponlos en tu Madre
María santísima del Milagro
mi protectora por cuyos méritos y piadosa intercesión
espero se templarán tus enojos
y me darás la gracia para que te pueda servir en esta vida
y alabarte en la eterna.
Amén.
|