Cuentan los antiguos de mi amada Salta
que en la salamanca del Cerro Bola vivía Lucifer
pero un día conoció el amor
y con él muriendo fue.
Siento el calor de la tarde
que
se recuesta en los cerros
buscando nuevos amores
llega
coqueando el lucero.
El
diablo deja la cueva
sintiéndose guitarrero
y
enciende las serenatas
con
el tizón de su pecho.
Cerro Bola yo te pido
no te lleves este sueño
que el diablo del norte grande
llora solito su adiós
que el diablo del norte grande
llora solito de amor.
En cada esquina aparece
tentando su alma de chango
con duendes de fantasías
el vino quiere entonarlo.
Ensilla el sueño del alba
con su mirada de fuego
y su pasión en cenizas
se arremolina en el viento.