Ni falta le hace llamarme
vuelvo cada vez que puedo
me va tirando el camino
que me
lleva hasta mi pueblo.
Es de una media mañana
que
se ensilla en el remanso
por donde anduve de chango
bien
montado en mi caballo.
Su cielo tiene guirnaldas
que cuelgan de las estrellas
y una prendida a la otra
iluminan mi querencia.
Poco a poquito la vida
de allí me ha venido arriando
y por más lejos que me lleve
yo siempre vuelvo a mi pago.
Aún tiene esa inocencia
la
de sus primeros años
que cada uno de sus hijos
suele
llevar de la mano.
Una vuelta pa' su plaza
radiante y muy buena moza
que guarda entre sus banquitos
amores, sueños e historias.
Suele acariciar la lluvia
los cultivos de sus campos
y en cuantito el sol asoma
lava
su cara en los charcos.