Amo las golondrinas
porque son como mi alma
fugaces visitantes de lo
desconocido
aparecen de pronto
cuando la primavera en el
aire decide
la derrota del frío
me traen de lo cielos remotos
de la tierra
la nostalgia del paso
y el ansía de infinito
con que mi sangre viene
venciéndola a la muerte
y afirmándola la vida
a través de los siglos.
A dónde te irás volando por
esos cielos
bracita
negra que lustra la claridad
detrás de tu vuelo errante
mis ojos gozan
la
inmensidad, la inmensidad.
Veleros de las tormentas se
van las nubes
en
surcos de luz dorada se pone el sol
y como sílabas negras, las
golondrinas
dicen
adiós, dicen adiós.
Vuela, vuela, vuela,
golondrina
vuelve del más allá
vuelve desde el fondo de la
vida
sobre la
luz, cruzando el mar, cruzando el mar.
Un cielo de barriletes tiene
la tarde
el viento
en las arboledas cantando va
y desandando los días mis
pensamientos
también
se van, también se van.
Cuando los días se acorten
junto a mi sombra
y
en mi alma caiga sangrando el atardecer
yo levantaré los ojos
pidiendo al cielo
volverte a ver, volverte a ver.