Para ir a buscarte
he vestido de rojo mi guitarra
y
he colgado la estrella de mi canto
en el vértice más sonoro de su boca.
Tus ojos
arañan
un pedazo de la noche
y
yo estoy en la cruz de las vigilias
comiéndome un pedazo de tu sombra.
Para ir a buscarte
solté las amarras de mi esperanza
y el potro de mi corazón salvaje
al relámpago de tu sangre que me llama.