El viejo Río Cosquín fue testigo quieto de un desengaño que un guitarrero cantor sufriera en el arenal cuando se escondía el sol.
Cuentan paisanos de allá que un amanecer se escuchó su canto era un lamento de amor que del pecho le brotó y entre los cerros quedó.
Quisiera verte volver en una tarde de enero si vuelves me encontrarás en la orilla del Cosquín con mi guitarra cantora y en mis labios sentirás que aún perdura el amor que me dejaste al partir.
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Letra y Música:
Hernán Figueroa Reyes. |