El hombre nace y muere, a
veces, sin vivir camina, desde el niño al viejo, sin gozar eso que él mismo le llama felicidad y si la tiene aquí la va a buscar allá.
Tropieza tantas veces en una misma piedra fruta que llega a pasa sin madurar.
Si tiene tira o quiere tener mucho más es un misterio y es de la vida la sal.
Tiene alma de guitarra encordadas de estrellas y es una falta envido
a su corazón.
Sólo se diferencia
del reino animal porque es el hombre el único capaz de odiar.
Pero mientras el
hombre se asombre, llore y ría será la fantasía que Dios creó.
Es una lágrima de
niño y de crespín es monte denso, copla vida y manantial es muy capaz de dar la vida o de matar es luz y sombra, tierra arada y arenal.
La pucha con el hombre querer ser tantas cosas y nunca es más que cuando tan sólo es él.
Es un camino que anda solo
bajo el sol senderos trajinados por sueños de amor.
Tiene alma de guitarras encordadas de estrellas y es una falta envido
a su corazón.
Sólo se diferencia
del reino animal porque es el hombre el único capaz de odiar.
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Letra: Pablo
R. Trullenque - Música: Cuti Carabajal. |