Por los caminos del norte
supo andar un violinero
llevaba el viento en las cuerdas
y el polvo de los senderos.
El violín del violinero
canta como canta el viento
a veces bien afinado
y otras veces desparejo.
Tenía nombre de andar solo
don San Francisco Solano
no era un coyuyo dormido
el violín entre sus manos.
Fueron pasando
los años
y el violín del violinero
llora en los montes de Salta
o en Santiago del Estero.
El indio dueño del monte
bebió su canto sentido
y por él en cada tronco
hay un violín escondido.
El violín del violinero
canta como canta el viento
a veces bien afinado
y otras veces desparejo.
Se lo escucha por las fiestas
o andando como un destino
es el que alegra el cansancio
junto al oficio del vino.