El día ha pintao el vino de luz
por tu recuerdo azul
la golondrina del amanecer
se tornó un ave de fuego
y el volar de tu ausente mirar
y en los espejos del agua.
Sangraba el sol su rojo nacer
emborrachándome
por esa flor que trémula ardió
en el desierto de mi alma
tanta sed, siempre encendiéndome
su amoroso remolino.
Desde tu pelo la noche soltó
una luciérnaga herida
ya no estás, una zamba serás
por el resto de mi vida.
Sobre los médanos del dolor
tu nombre pronuncié
y quise hacer brotar el ayer
con el llanto de los sauces
encontré o quédate en mi ser
esta voz para cantarte.
De terciopelo vestía tu piel
estremeciéndome
mi boca se llenaba de miel
entre tus piernas desnudas
y el adiós crucificándonos
puso sal en mis heridas.