Ayer te casaste frente
a mi
cuanto dolor que sentí
cuando le diste el beso
cuando dijiste: “sí”.
Si bien fue un juego
lo sé
si hasta yo hice de juez
que sin querer los unió
en esa triste kermés.
Juez de mi
dolor
abogado de una ilusión
fiscal de un viejo rencor
verdugo de nuestro amor.
Hoy me tocó casarme a
mi
no estuviste para sentir
cuando ves a tu antiguo ser
en otros brazos partir.
Pero este juego dolió
y no hubo ningún vencedor
porque ambos y por igual
perdimos en el amor.