| ¡Oh,
Bien supremo, yo soy este miserable que he huido de Vos, renunciando
a vuestro amor! Por esto sólo, indigno debiera ser de veros
y de amaros. Más también Vos sois Aquel que por piedad
de mí no la tuvisteis de Vos mismo, y quisisteis morir de dolor
y cubierto de infamia en una Cruz. Vuestra muerte me hace, pues, esperar
que un día podré yo veros y gozar de vuestra presencia,
amándoos con todas mis fuerzas. Más ahora que estoy
en continuo peligro de perderos para siempre, y que ya os había
perdido por mis pecados, ¿qué haré durante el
resto de mi vida? ¿Continuaré en ofendemos? No, Jesús
mío, yo detesto sobremanera los ultrajes que os he hecho, contrito
estoy de haberos ofendido, y os amo de todo corazón. ¿Desecharíais
Vos un alma que se arrepiente y que os ama?. No. Yo sé que
habéis dicho, Redentor mío, que no sabéis rechazar
a los que se arrojan a vuestros pies arrepentidos: Aquel que a mí
viene, no le echaré fuera. ¡Oh, Jesús mío,
todo lo abandono y me convierto a Vos!. Os abrazo y os estrecho contra
mi corazón; dignaos Vos abrazarme y estrecharme en el vuestro.
Si me atrevo a hablaros así, es porque me dirijo a la bondad
infinita, y por que hablo a un Dios que ha querido morir por mi amor.
¡Oh, Salvador mío, dadme la esperanza en vuestro amor!.
¡Oh María, querida Madre mía os lo suplico por
el amor que tenéis a Jesucristo, alcanzadme la perseverancia!
Así lo espero y así sea.
Dulcísimo Señor del Milagro, perdonad
mis pecados y librad, por vuestra misericordia, a la ciudad de Salta
de todo castigo. Concedednos esta gracia, por intercesión
de nuestra Protectora, vuestra dulcísima Madre, la Inmaculada
Virgen del Milagro. Amén.
ATRIBUTOS DE MARÍA: FUENTE DE AGUAS VIVAS
Purísima
Virgen del Milagro, María, Madre admirable, milagro de la gracia,
el octavo atributo que simboliza vuestra original pureza, es el ser
Fuente de Aguas. Concededme, Madre mía, el que, cual sediento
ciervo que busca las aguas, corra yo a beber de aquellas cinco fuentes
que por mí derramó mi dulce Jesús en el madero
santo de la Cruz, para que, atraído de las dulzuras que comunican
aquellas santísimas llagas, lave yo en aquellas purísimas
aguas las muchas manchas con que he afeado mi alma, para que, cuando
venga mi Señor a juzgarme y aparezca en el Cielo aquel madero
santo de la Cruz, llore lágrimas dé consuelo al ver
que, aunque desprecié las fuentes de aguas vivas, la Cruz fue
la llave que me abrió las puertas de la gloria. Amén.
Aquí
se pide lo que se desea conseguir con esta novena.
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