| Mirad,
oh mi Dios, mirad a vuestros pies un ingrato a quien creasteis para
el paraíso, pero que tantas veces, por miserables placeres,
os ha negado a la cara y ha preferido ser condenado al infierno. Más
yo espero, que Vos me, habéis perdonado todas las injurias
que os he hecho, de las cuales me arrepiento de nuevo y quiero arrepentirme
hasta la muerte. ¡Ah, yo deseo que me las perdonéis todavía!
Más, oh Dios mío, aunque Vos me hayáis perdonado,
no por esto será menos verdad que tuve la audacia de abrevaros
de amargura, oh Redentor mío, que para conducirme a vuestro
Reino me habéis dado la vida. ¡Bendita y glorificada
sea para siempre, oh mi Jesús, vuestra misericordia.
Vos que con tanta paciencia me habéis sufrido,
y que, en vez de castigarme me habéis colmado de gracia y
de luces, y mil veces me habéis llamado a Vos, ya veo, oh
mi amado Jesús, que Vos queréis que me salve, deseáis
que entre a vuestro Reino para amaros eternamente; pero antes queréis
que os ame en este mundo. Sí, yo quiero amaros; y aún
cuando no hubiere paraíso, en tanto que yo viva, os amaré
con todas mis fuerzas y con toda mi alma. Bástame saber,
oh mi Dios, que Vos deseáis que os ame. ¡Oh, mi Jesús!,
asistidme con vuestra gracia, y no me abandonéis. Mi alma
es inmortal: hállome, pues, en la alternativa, o de amaros
siempre o de detestaros por toda una eternidad. ¡Ah, no, no!,
amaros quiero eternamente, y amaros lo bastante en esta vida, para
amaros en la otra lo que debo. Disponed de mí como os plazca;
castigadme como Vos quisierais, pero no me privéis de vuestro
amor; haced después, de mí, lo que os parezca., ¡Oh
mi Jesús! vuestros méritos son mi esperanza ¡Oh,
María, toda mi esperanza la pongo en vuestra intercesión!
Vos me habéis librado del infierno, cuando yo estaba en pecado.
Ahora quiero ser de Dios; hacedme santo y salvadme.
Dulcísimo Señor del Milagro, perdonad
mis pecados, y librad, por vuestra misericordia, a la ciudad de
Salta de todo castigo. Concedednos esta gracia, por intercesión
de nuestra Protectora, vuestra dulcísima Madre, la
Inmaculada virgen del Milagro. Amén.
ATRIBUTOS DE MARÍA: PUERTA DEL CIELO
Purísima
Virgen del Milagro, María, Madre admirable, milagro de la gracia,
el séptimo atributo que simboliza vuestra original pureza,
es la Puerta del Cielo. Y pues sois Puerta Celestial, por cuya intercesión
entran al paraíso de la gloria, los hijos de Adán que
acaban esta vida en gracia; concededme, Madre mía, el que si
este año fuese el último de mi vida, se aparte mi corazón
de los cuidados de este mundo, y con la luz de vuestros auxilios busque
sólo el sosiego de mi alma en mi dulce Jesús, para que
cuando llegue la muerte temporal, merezca estar dispuesto para acabar
mi vida en el ósculo de mi Señor, y entre por Vos, Puerta
resplandeciente, a la patria dichosa de la gloria. Amén.
Aquí
se pide lo que se desea conseguir con esta novena.
|